jueves, 6 de enero de 2011

«ESE AMOR... POR LO HEREDADO»

por Carlos Rey

«María Teresa de León tiene... piel color canela, ojos negros, grandes y expresivos, [y] cabello oscuro que a veces brilla a la luz del horno de leña en su lugar de trabajo. Pero lo que más resalta de María Teresa son sus manos, delicadas pero fuertes a la vez... manos que conocen el trabajo....

«... [La] panadería [de su padre], la San Antonio, [está] localizada en una de las empedradas calles que se pierden bajo la sombra del Volcán de Agua, en la antigua capital colonial de Guatemala. El padre de María Teresa... veía a sus clientes como sus amigos, como su familia. Todos los que visitaban la San Antonio lo hacían tanto por las delicias que salían de su horno como por el placer de saludar a su dueño..., [quien] perfeccionó el sensual arte de hacer —de un puñado de harina, un poco de azúcar, canela, huevos y agua— los panes más sabrosos de la ciudad.

»Formaba una montaña de harina sobre una vieja mesa de trabajo de madera. Con un viejo guacal redondo, formaba una poza perfecta en medio de la harina, donde ponía una montaña más pequeña de azúcar y de canela. Cuidadosamente quebraba cuatro huevos y los derramaba sobre la harina, y poco a poco agregaba agua hasta que se formara [una masa gruesa y amarillenta]. Con sus manos formaba la masa para convertirla en los molletes, las champurradas, los obispos, las tortas de huevo, [es decir,] todos aquellos bocadillos que durante generaciones han agraciado las paneras en las mesas de incontables casas antigüeñas.

»Su hija, desde pequeña, ayudaba en la tarea de hacer el pan como lo hizo él mismo con su madre. Aprendió a trabajar el pan para ser la heredera de la tradición familiar, la que haría que continuara una labor que comenzó casi un siglo atrás.

»[Él] murió hace varios años. Ahora es su María Teresa quien todas las mañanas evoca el recuerdo del panadero original, cuando, con sus manos, mezcla la harina que viene del trigo que da la vida misma, para formar la masa que al calor de un horno de leña se convierte en pan.

»[María Teresa] dice que amasar el pan es tan sabroso como comérselo..... Con sus manos, todas las mañanas,... hace que perdure el legado que recibió de [su padre]. Al convertir la harina en pan, lo hace con el cariño... de alguien enamorado.

»Ese amor... por lo heredado es el principal ingrediente del pan que todas las mañanas amasa en la Panadería San Antonio de la Antigua Guatemala.»1

Así concluye el reportero de origen guatemalteco Harris Whitbeck este capítulo de la obra ilustrada con bellas fotografías titulada Guatemala inédita. Quiera Dios que, al igual que María Teresa, los que hemos disfrutado de la gran bendición de tener padres apasionados por enseñarnos lo mejor de lo que aprendieron ellos mismos de sus padres, determinemos cada mañana mostrar ese mismo amor, legándoselo así a nuestros propios hijos. O de no haber disfrutado de la bendición de tener tales padres, quiera Dios que determinemos serlos nosotros mismos.
1 Harris Whitbeck, «Edificar con trigo», Guatemala inédita (Bogotá, D.C.: Villegas Editores, 2006, pp. 292‑93.

sábado, 1 de enero de 2011

«MI MAMÁ... ESPERA QUE NUNCA BUSQUEMOS [A MI PAPÁ]»

«Mis padres se divorciaron pocos meses antes de que yo naciera. Él se fue a vivir a otra ciudad. Yo ahora tengo veintidós años, y a él lo he visto en contadas ocasiones.... Mi mamá nunca nos habló mal de él, pero sí nos ha dicho que ella espera que nunca lo busquemos, porque él fue el que nos abandonó....

»Pero han pasado muchas cosas. El año pasado falleció mi único tío, y pensé que mi papá se podía morir y que nunca más hablaría con él. Por eso hice las paces con él, y ahora estamos en contacto por correo electrónico, y me siento bien. Por otro lado está mi mamá (que no sabe). Por ella me siento muy mal. Siento que la estoy traicionando, que no valoro todo lo que nos ha dado. No sé qué hacer.»

Este es el consejo que le dimos:

«Estimada amiga:

»Lamentamos que usted haya tenido que criarse sin su papá. Es trágico que los problemas entre su mamá y su papá dieran como resultado que él perdiera contacto con usted, a pesar de lo mucho que usted deseaba y necesitaba tenerlo a él en su vida. Esperamos que otros hombres le presten atención a este caso y decidan hacer lo necesario para formar parte de la vida de sus hijos.

»A los padres divorciados les resulta muy difícil poner a un lado sus propios sentimientos y hacer lo que les conviene a sus hijos. Con frecuencia las madres que tienen la custodia legal se interponen entre sus hijos y el padre de ellos por razones emocionales, tales como el enojo o el resentimiento, o por desacuerdos en cuestiones económicas. Los papás se ausentan voluntariamente porque piensan que no tienen lo suficiente para sostener económicamente a sus hijos, o porque es demasiado difícil comunicarse con la mamá. Cualesquiera que sean las razones, y quienquiera que tenga la culpa, son los hijos quienes más sufren....

»Dios se aseguró de que fuera biológicamente necesaria la participación tanto de un hombre como de una mujer para procrear hijos. El plan de Dios para la familia es que haya un padre y una madre, ya que eso es lo que más les conviene a los hijos. Muchos expertos creen que cuando, por cualquier razón, deja de estar presente uno de los dos padres, resultan graves consecuencias emocionales para los hijos.

»No tiene nada de malo ni de raro que usted tenga el deseo de cultivar una relación personal con su papá, a pesar de lo que siente su mamá. Ella no puede comprender el que usted tenga una necesidad emocional de una relación con él....

»[Sin embargo,] no debe usted mentirle a su mamá acerca de la relación que cultive con su papá. Aunque estaría ocultando la verdad a fin de proteger los sentimientos de ella, las mentiras no hacen más que complicar las cosas. Si ella se lo pregunta, esté preparada para responderle que con eso usted está llenando un vacío dentro de sí. De modo que no se trata de darle a su papá lo que él merece, sino de recibir lo que usted merece.

»Le deseamos lo mejor,

miércoles, 15 de diciembre de 2010

PENDIENTES DE UN HILO

Esta debía ser una boda diferente. Una boda que diera de qué hablar. Una boda para fotografiar, para publicar en los diarios y para salir en televisión. Betty Seaver y Marcos Pastore, ambos del estado de Colorado, Estados Unidos, se propusieron realizar su boda a su gusto.

Junto con el clérigo, se subieron a un gran globo aerostático y, mientras flotaban en el aire, se hicieron los votos nupciales. Cuando llegó el momento de prometerse amor hasta que la muerte los separara, ambos saltaron de la barquilla. Todo estaba bien ensayado. Los dos novios estaban atados a una cuerda elástica de veinticinco metros de largo, y el beso de esposos se lo dieron en el aire, balanceándose al extremo de la cuerda.

No hay duda de que los jóvenes de hoy quieren casarse a su manera. Eso en sí no está mal. Desde la década de 1960 los jóvenes quieren hacer las cosas a su gusto, sin importarles reglas y normas, costumbres y tradiciones. Cada cual se rige por su preferencia, y que los viejos se callen, porque son de otra época.

Pero este joven matrimonio, balanceándose en el vacío, es todo un símbolo de muchos de los matrimonios de la actualidad. Penden de un hilo muy delgado, que en muchos casos se va cortando inexorablemente, hebra tras hebra. Y cuando por fin se divorcian, la causa más común es la incompatibilidad.

Veamos las primeras dos letras de esa palabra: «in». El «in» es prefijo privativo latino que indica supresión o negación, y la incompatibilidad en los matrimonios está compuesta de varios «in»es. Para comenzar, consta de incomprensión. Ninguno de los dos quiere entenderse. Luego abarca intolerancia. Marido y mujer no se aguantan el uno al otro. Encierra inflexibilidad. Es esa obstinación terca de los dos. También incluye infidelidad. Ya no importan el honor y la fidelidad mutua.

La incompatibilidad está compuesta además de intemperancia, especialmente en los gastos, y de insensibilidad. Poco importan los sentimientos del otro. Y sobre todo, la caracteriza la incomunicación: los labios silenciosos y los corazones que tampoco se comunican.
Otro aspecto es la inmoralidad que acaba con la pureza del Hogar.
No permitamos que nuestro matrimonio cuelgue de una débil hebra que se rompe a la menor provocación. En vez de que nuestra unión esté balanceada en el aire, afirmémosla fuertemente sobre una base segura. Esa base es la norma antigua que ofrece el evangelio de Cristo: firme, estable e inamovible. Con Cristo como Maestro y Guía, se salva nuestro matrimonio, y llega a ser duradero,indestructible y feliz.

sábado, 11 de diciembre de 2010

DOS CLASES DE DEMENCIA

El matrimonio de John y Jenny Colomer, de Aspendale, Australia, estaba colmado de felicidad. Los cuatro hijos que les llegaron en rápida sucesión intensificaron aún más esa felicidad. Pero a los ocho años de matrimonio, comenzó una pesadilla. Jenny empezó a tener problemas mentales, y éstos se fueron agravando mes tras mes hasta llegar a ser insoportables.

Un día Jenny, presa de una furia descontrolada, castigaba brutalmente a sus hijos sin ningún motivo. Otro día, la emprendía contra su esposo. Así transcurrieron ocho años de locura, hasta el día en que Jenny atacó y golpeó a su esposo John. Éste la sujetó del cuello y, bajo una ola de locura propia, apretó demasiado fuerte y Jenny murió estrangulada. El juzgado, comprendiendo su tragedia, lo declaró inocente.

Una de las peores pesadillas que quebranta el corazón y destruye la paz ocurre cuando algún miembro de la familia padece perturbaciones mentales, sobre todo si se trata del padre o de la madre. Pero hay una demencia que, a pesar de la aparente contradicción de vocablos, no es mental sino espiritual. Ésa es la que padece el hombre o la mujer, que por más que desea y que busca la paz interna —esa paz del corazón que llega hasta lo profundo del alma—, no la halla. Tiene inteligencia, bienes materiales, buena familia, una posición reconocida y todo lo que el mundo estima valioso, pero no tiene paz. Daría cualquier cosa por tener tranquilidad en el alma, satisfacción, contentamiento y paz, pero nada de eso tiene. Esa es la demencia del corazón, y muchas personas padecen de ella.

Para la demencia mental, hay tratamientos psicológicos y drogas fuertes. Pero, ¿qué hay para la demencia del corazón? ¿Hay alivio para el alma atribulada y para el corazón confundido? ¡Sí lo hay!

Un joven que buscaba la paz se acercó a Jesucristo y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?» El Señor, en resumen, le contestó: «Si me sigues de cerca, encontrarás la paz que estás buscando. Y mientras lo hagas, experimentarás paz, gozo y libertad. Pero tienes que dejarlo todo y seguirme» (Lucas 18:18-22).

Esta es la gran verdad: para la demencia espiritual la solución es rendirnos a Cristo y seguir sus pasos. En Él hay verdadera paz.

«DEBE DE HABER SIDO EL LICOR»

Caía una nevada espesa sobre Nuuk, caserío de esquimales en una región de Groenlandia de por sí cubierta de nieve casi todo el año. El viento helado arremolinaba los copos, y sobre los techos de las casas había treinta centímetros de nieve.

Era día de fiesta, por lo que Aavard Maalik y cinco compañeros consumían una enorme cantidad de licor. Afuera la temperatura estaba por debajo de cero grados, pero en el cuerpo de los seis hombres había fuego, fuego del licor que venden los blancos. Había también, en el fusil de Aavard, plomo, plomo del que también venden los blancos. Y nieve y fuego y plomo se unieron para producir la tragedia.

El joven esquimal, de apenas dieciocho años de edad, disparó contra sus compañeros, sin razón aparente, matando a los cinco en un solo instante. «No era más que una fiesta —declaró Lara Heilman, inspector de policía—, y todavía no sabemos las verdaderas causas de la tragedia. Debe de haber sido el licor.»

Se sabe que el alcohol en las venas es siempre fuego. No importa si se bebe en una selva tropical o en las estepas heladas de Siberia. No importa si se toma en una fiesta elegante del gran mundo o en una reunión pueblerina de compadres. El alcohol es siempre fuego cuando se mete en las venas.

¡Qué interesante la forma en que se explica una tragedia causada bajo la influencia del licor! «Fue el licor», dicen; o: «Fue por las muchas botellas de cerveza»; o: «Es que había ingerido mucho alcohol»; o: «Fue el guaro, o la tequila, o la caña.»

No importa el nombre de la bebida ni la clase de fiesta. Donde quiera que se ingiera alcohol, se ingiere fuego. De allí nacen los crímenes pasionales, los accidentes de carretera, las violaciones de niñas (a veces por el propio padre), y todas las locuras y depravaciones del hombre. Lamentan los hombres sus tragedias, pero siempre los acompaña la excusa: «Fue a causa del alcohol.» ¿Hasta cuándo ha de durar esta ignominia?

Difícil es detener el tráfico de alcohol a escala mundial, pero podemos detenerlo en nosotros mismos. No tenemos que tomarlo, ni en las fiestas de oficina, ni en nuestro hogar ni a solas. ¡No tenemos que beberlo! Hagamos de Jesucristo el Señor de nuestro trabajo, de nuestro hogar, de nuestra vida, de nuestro corazón. Él puede y quiere darnos la fuerza para vencer el vicio del alcohol.

«A [ÉL] NO LE GUSTA QUE VENGAN MIS NIETOS»

«Tuve una relación de quince años, con dos hijos..., pero mi esposo me abandonó.... Hace casi cinco años, comencé una nueva relación. Ya tengo cuatro nietos. Resulta que a mi actual pareja no le gusta que vengan mis nietos, y eso me duele mucho. He tratado de hablar con él, pero es inútil; no quiere que ellos se queden en mi casa un sábado por la noche. ¡De verdad estoy muy desesperada; estoy a punto de estallar! No sé qué hacer, si terminar mi relación y vivir yo sola y poder disfrutar de mis nietos cuando yo quiera o pueda.

»Tengo tantas ganas de entregar mi vida a Dios.... Me gustaría un consejo.»

Este es el consejo que le dimos:

«Estimada amiga:

»Nos alegra que usted nos haya contado su caso, pero lamentablemente no sabemos los pormenores de su situación. Si la casa donde usted vive le perteneció a su pareja antes del comienzo de su relación con él, entonces tal vez él tema que sus nietos maltraten sus pertenencias. Tal vez sufra de alguna afección emocional que dificulta que él esté rodeado de personas. O quizás esté físicamente enfermo y el ruido que hacen los niños le cause cierto malestar. Pero usted no mencionó ninguna razón, así que tenemos que dar por sentado que la única razón es que a él no le gustan los niños. Y usted dijo “mi casa” al referirse al lugar donde vive, así que también daremos por sentado que la casa le pertenece a usted y no a él....

»Si usted ha seguido muchos de nuestros “Casos de la semana”, seguramente habrá notado que creemos firmemente en el matrimonio. Dios diseñó el matrimonio para que hombres y mujeres pudieran entregarse de por vida el uno al otro y formar familias amorosas. Lamentablemente, cuando tratamos de formar familias amorosas sin la entrega que requiere el matrimonio, hay un elemento fundamental que falta. Si no hay una verdadera entrega de parte y parte, hay menos disposición de resolver problemas y menos incentivo de llegar a acuerdos mutuos. ¡Claro que los casados también tienen problemas! Pero los votos que se hicieron cuando se casaron son vínculos muy fuertes que, con la ayuda de Dios, pueden contribuir a sostener la relación mientras afrontan las dificultades.

»Es posible que su pareja quiera casarse con usted si le dice que ya no está dispuesta a vivir con él a menos que se casen. Pero si eso ocurre, tenga el cuidado de asegurarse de llegar a un acuerdo en cuanto a visitas de parte de los nietos antes de casarse con él.

»¡A los nietos debemos amarlos y disfrutar de ellos!

»Con afecto fraternal,

miércoles, 8 de diciembre de 2010

«DEBE DE HABER SIDO EL LICOR»

Caía una nevada espesa sobre Nuuk, caserío de esquimales en una región de Groenlandia de por sí cubierta de nieve casi todo el año. El viento helado arremolinaba los copos, y sobre los techos de las casas había treinta centímetros de nieve.

Era día de fiesta, por lo que Aavard Maalik y cinco compañeros consumían una enorme cantidad de licor. Afuera la temperatura estaba por debajo de cero grados, pero en el cuerpo de los seis hombres había fuego, fuego del licor que venden los blancos. Había también, en el fusil de Aavard, plomo, plomo del que también venden los blancos. Y nieve y fuego y plomo se unieron para producir la tragedia.

El joven esquimal, de apenas dieciocho años de edad, disparó contra sus compañeros, sin razón aparente, matando a los cinco en un solo instante. «No era más que una fiesta —declaró Lara Heilman, inspector de policía—, y todavía no sabemos las verdaderas causas de la tragedia. Debe de haber sido el licor.»

Se sabe que el alcohol en las venas es siempre fuego. No importa si se bebe en una selva tropical o en las estepas heladas de Siberia. No importa si se toma en una fiesta elegante del gran mundo o en una reunión pueblerina de compadres. El alcohol es siempre fuego cuando se mete en las venas.

¡Qué interesante la forma en que se explica una tragedia causada bajo la influencia del licor! «Fue el licor», dicen; o: «Fue por las muchas botellas de cerveza»; o: «Es que había ingerido mucho alcohol»; o: «Fue el guaro, o la tequila, o la caña.»

No importa el nombre de la bebida ni la clase de fiesta. Donde quiera que se ingiera alcohol, se ingiere fuego. De allí nacen los crímenes pasionales, los accidentes de carretera, las violaciones de niñas (a veces por el propio padre), y todas las locuras y depravaciones del hombre. Lamentan los hombres sus tragedias, pero siempre los acompaña la excusa: «Fue a causa del alcohol.» ¿Hasta cuándo ha de durar esta ignominia?

Difícil es detener el tráfico de alcohol a escala mundial, pero podemos detenerlo en nosotros mismos. No tenemos que tomarlo, ni en las fiestas de oficina, ni en nuestro hogar ni a solas. ¡No tenemos que beberlo! Hagamos de Jesucristo el Señor de nuestro trabajo, de nuestro hogar, de nuestra vida, de nuestro corazón. Él puede y quiere darnos la fuerza para vencer el vicio del alcohol.