jueves, 1 de abril de 2010

«ESE RENCOR QUE SIENTE POR LOS HOMBRES»

«Soy un hombre de treinta y cuatro años.... Tengo una novia a la que no le ha ido bien en la vida. Tuvo un esposo con el que sólo duró un año su matrimonio porque [él] le fue infiel. Después conoció a otro del que se enamoró, pero [él] le fue infiel también.

»Ella ha quedado muy dolida, y el problema es que... ese rencor que siente por los hombres me lo [demuestra] a mí. A veces me siento desesperado porque ella nunca se decide a casarse y sólo vive con mal carácter. A veces me dan deseos de dejarla y dejar todo. No sé qué hacer.»

Este es el consejo que le dimos:

«Estimado amigo:

»La infidelidad de esos dos hombres ha herido no sólo a su novia sino también a usted. Algunos hombres (e incluso algunas mujeres) creen que el ser infiel es parte inevitable de la vida que puede hasta justificarse. Pero usted ha aprendido que la infidelidad causa dolor y que tiene repercusiones emocionales duraderas que no desaparecen fácilmente. A eso se debe que recibamos cada semana casos de personas que sufren como resultado de la infidelidad de alguien a quien amaban.

»Aunque esos dos hombres no lo hicieran a propósito, le enseñaron una lección a su novia. La lección es: “No se puede confiar en los hombres.” No sabemos cuánto tiempo lleva usted en la relación que tiene con su novia, pero es evidente que no ha sido suficiente como para que ella vuelva a examinar y evaluar la lección que aprendió. Si usted de veras la ama, permitirá que pase más tiempo antes de pensar en casarse con ella. Sólo con el tiempo podrá ella conocerlo a tal grado que se convenza de que puede confiar en usted. Una vez que ella confíe en usted, aprenderá una nueva lección, que es: “Hay algunos hombres en los que sí se puede confiar.”

»... Dios sabía lo mucho que la infidelidad hiere a sus víctimas y deja en ellas cicatrices, y por eso dio el mandamiento que prohíbe el adulterio. Algunos creen que Dios nos dio ese mandamiento (al igual que los otros) a fin de privarnos de nuestra libertad y de la capacidad de divertirnos. Esas personas se imaginan a Dios como un juez severo a quien le complace exigirnos un estilo de vida aburrido y castigarnos por cada infracción de sus reglas. Pero lo cierto es que Él ha diseñado todas sus leyes divinas con el fin de protegernos del dolor y del sufrimiento. Dios sabía que la infidelidad heriría a sus hijos, y quería ayudarnos a evitar ese dolor.

»No podemos aconsejarle si debe o no, tarde o temprano, casarse con su novia. Ni podemos aconsejarle si vale o no vale la pena esperar. Esos son interrogantes a los que usted mismo tendrá que responder. Sin embargo, cualquiera que sea su decisión, lo animamos a que sea un hombre en quien sí se puede confiar.

»Pídale a Dios que le dé sabiduría, y verá que Él lo ayudará,

»Linda y Carlos Rey.»

El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, puede leerse con sólo pulsar el enlace que dice: «Caso 61» dentro del enlace en www.conciencia.net que dice: «Caso de la semana».

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