sábado, 14 de mayo de 2011

DIARIO DE UNA JOVEN ASESINA

Era su librito de apuntes diarios, apuntes que iba haciendo, cada día, una joven de catorce años de edad. ¿Qué cosas podría escribir en ese diario? Cosas juveniles: impresiones de muchachos, actividades de colegio, paseos, fiestas.
Pero un día, justamente el primero de enero, la joven escribió: «Querido diario: Es principio de año, y ya no aguanto más. Tengo que quitarme de encima una carga que ya no puedo llevar. Yo maté a mi hermanita.»
El diario sigue narrando: «Fui hasta su cuarto y le dije que la quería mucho. Cubrí, entonces, su boca, y la sofoqué. Tú, mi querido diario, eres a quien primero le cuento. Gracias. Ahora me siento mejor.»
Ya hacía cinco meses que esta adolescente había matado a su hermanita de cuatro años de edad. Cuando hallaron el cuerpo de la chiquita, el médico forense determinó que era «muerte por asfixia traumática». La investigación no produjo ningún resultado. Pero sucedió que los padres de la hija mayor descubrieron su diario.
Por más que querramos callar la voz de nuestra conciencia, no podemos. Tarde o temprano su grito se oirá.
¿Qué está pasando en los hogares, en las familias, en los adolescentes? Esta joven no carecía de nada. Tenía buenos padres, buena casa, buen colegio, buenos amigos, buena ropa, buen calzado, buenas cosas. ¿Por qué, de un modo sorpresivo y brutal, mató a su hermanita?
En parte tiene que ver con la violencia que los adolescentes ven en la televisión, la cual se va acumulando en su psiquis. Cuando ésta se llena a más no poder, el adolescente no tarda en poner en práctica más de alguna de esas cosas.
Tampoco se descarta la posibilidad de los contactos con sectas extrañas. Lo que padres incautamente podrán llamar «chifladuras de adolescentes» puede que sean relaciones, incluso satánicas, cosa que está más extendida de lo que parece.
La fuerza moral más potente del mundo está en Jesucristo. Si nosotros, como padres, descuidamos nuestra propia vida espiritual, con eso dirigimos a nuestros hijos por el camino de la perdición.
Hagamos de Cristo el Señor de nuestra vida. Tanto nosotros como nuestros hijos necesitamos ese poder. Sólo Cristo nos pone a salvo de toda fuerza maligna. Él desea ser nuestro Señor. Coronémoslo Rey de nuestra vida hoy mismo.

«A MI ESPOSO LE GUSTA MUCHO VER PORNOGRAFÍA»

«A mi esposo le gusta mucho ver pornografía, y eso a mí me molesta y duele. Yo le digo que eso no le hace bien a nuestro hogar y que... me hace sentir miserable [y] pensar... que no soy suficiente para él. Yo le pregunto por qué lo hace, y me dice que todos los hombres son así.
»¿Es verdad eso? ¿Es posible que los hombres no puedan contener ese vicio?»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimada amiga:
»Sus preguntas son buenas, pero no tienen respuestas sencillas. Permítanos explicarle qué queremos decir con eso.
»Su esposo dice que todos los hombres son así, y usted nos pregunta si eso es verdad. La respuesta es sí y no.
»Sí, todos los hombres (y todas las mujeres) nacen con una tendencia a hacer cosas que no les convienen ni a ellos ni a los demás. Niños de dos años de edad se pegan entre sí y se pelean por obtener algo que no les pertenece. Nadie tiene que enseñarles que hagan cosas que los pondrán en peligro o que perjudicarán a los demás. Eso lo hacen como algo natural.... De modo que cuando su esposo dice que todos los hombres son así, es verdad que todos los hombres tienen la tendencia a pecar....
»Sin embargo, no es verdad que todos los hombres tengan la costumbre de usar la pornografía como un medio de satisfacción personal. Tampoco es verdad que todos los hombres piensen que está bien ver pornografía. Y el hecho de que su esposo justifique y trate que se considere normal su vicio es el aspecto más problemático de su situación. Debido a que no lo considera destructivo para sí mismo ni para su matrimonio, al parecer él no tiene ningún deseo de abandonarlo....
»Como no es él quien nos está pidiendo ayuda, de nada serviría decirle a usted lo que él necesita hacer para librarse del dominio de la pornografía. En el Caso 7, dimos algunas sugerencias para los que quieren vencer sus vicios.
»Estamos totalmente de acuerdo con usted en que la pornografía no le hace bien a su hogar ni a su matrimonio.... Conduce al descontento... y al deseo de escapar de la realidad, rechazando a su compañera que tiene aliento de vida y cambiándola por relaciones virtuales. A algunos hombres, puede llevarlos a la comunicación en la Internet o mensajes de texto electrónico con otras mujeres, y eso está a un solo paso del adulterio, del riesgo de contraer alguna enfermedad venérea, incluso el SIDA, y de llevar una vida doble.
»Le recomendamos que cultive una relación personal con Dios, quien le dará la sabiduría que necesita para influir en su esposo. Cuando ore, Dios le dará su paz divina en su interior y la fortaleza de carácter que usted necesita. Y apelará a la conciencia de su esposo, de modo que él no siga justificando su conducta, sino que quiera cambiar su vida.

sábado, 7 de mayo de 2011

«MI MADRE... ME CULPÓ DE TODO»

«Durante toda mi vida, la relación con mi madre no ha sido buena.... En la etapa de la adolescencia, con mi primer novio, mi madre se encariñó mucho con él, y cuando la relación se terminó... ella me culpó de todo y no creyó todo lo que le conté de lo violento que mi novio se había vuelto y de cómo me hacía sufrir. Además,... como acostumbra hacerlo, [mi madre] dijo cosas muy hirientes, como que estaba decepcionada de tenerme como su hija...»
Este es el consejo que le dio mi esposa:
«Estimada amiga:
»... ¿Por qué no tienen [una madre buena] todos los niños? ¿Será que Dios ama más a unos que a otros? ¿Acaso algunos niños tienen más valor o potencial que otros?... ¡Mil veces no!
»Dios diseñó y creó un mundo perfecto. Él hizo a la primera pareja, y aquellos dos llegaron a ser la primera familia. Dios pudo haberlos hecho como robots, cada uno con los mismos brazos fuertes y amorosos, corazón tierno y mente sabia. Pudo haber decidido no darles ninguna opción acerca de lo que harían, de quiénes serían o de cómo vivirían, de modo que siempre fueran buenos, amorosos, tiernos y sabios, y siempre fueran padres perfectos. Pero Dios no quería que sus hijos lo amaran por obligación.
»... [Por eso] Dios les dio a Adán y a Eva pautas a seguir, y luego les dio la libertad de tomar sus propias decisiones. Casi de inmediato, escogieron el mal. Hicieron uso de su libre albedrío para hacer caso omiso de las pautas y ejercer más bien su propia voluntad. ¿Tuvo Dios la culpa de esto?... No, ellos fueron los únicos culpables de sus propias malas decisiones.
»Así es hoy en día.... Algunos [padres] actúan con sabiduría al decidir cuánta responsabilidad debieran tener sus hijos; otros ponen sus propios intereses por encima de los de sus hijos y se aprovechan injustamente de la relación que tienen con ellos....
»Mis padres eran alcohólicos que decidieron pasar por alto casi todas las pautas bíblicas con relación a esta vida. Como resultado, crecí en un hogar sin estabilidad ni seguridad, y con frecuencia violento. Mi madre no logró superar su propia formación, y eso la predispuso a perpetuar ese ciclo en sus propios hijos. Una vez, totalmente borracha, se me vino encima armada de un cuchillo que afortunadamente logré quitarle. Sobra decir que jamás tuve una relación madre‑hija como la que usted también anhela.
»Desde muy temprana edad, determiné que estas dificultades contribuirían a hacerme más fuerte y que mi meta en la vida sería ponerle fin a ese ciclo.... Tuve la bendición como adolescente de pedirle a Jesucristo que morara en mi vida, y Él me dio la fuerza necesaria para vencer toda situación adversa y ofrecerles una vida mejor a nuestros cinco hijos....1
»¡El pasado ha terminado!2... Usted es fuerte, y por eso ha llegado hasta aquí. Puede no sólo vencer las dificultades del pasado, sino también hacer una vida mejor para sus hijos. Usted puede frenar el ciclo de la mala crianza de los hijos. Y puede ser la primera en seguir el ejemplo de Dios. La animo a que lea la Biblia y encuentre las pautas que necesita seguir para ayudarla a comenzar a llevar una vida mejor....

1Fil 4:13
22Co 5:17

TODA LA VIDA JUNTAS

Nacieron juntas porque eran mellizas. Y vivieron juntas toda la vida, hasta morir en enero de 1993 a los cuarenta y tres años de edad. Eran Yvonne e Yvette, dos hermanas de Long Beach, California.
A los seis años de edad comenzaron a cantar juntas. Juntas, y con otros grupos, cantaron por todo el país. Juntas actuaron en circos y en televisión, y juntas estudiaron enfermería. Siempre estaban juntas porque Yvonne e Yvette no podían separarse. Eran hermanas siamesas, unidas físicamente por la cabeza.
En la ceremonia fúnebre el pastor de ellas, John Shepherd, dijo: «Juntas nacieron, juntas vivieron, juntas alabaron a Dios en canto, juntas partieron de este mundo, y juntas llegaron al cielo.»
He aquí una historia como para hacer una película. Cuando Yvonne e Yvette nacieron, su madre, que era muy pobre y estaba separada de su esposo, tenía ya cinco hijos. Cuando le dijeron que debía internar a las siamesas en alguna institución especializada, la buena mujer contestó: «Dios me ha enviado estas niñas, y Él me enseñará como criarlas.»
¿Cómo pueden dos hermanas siamesas vivir cuarenta y tres años juntas y ser felices? ¿Cómo pudieron, a los seis años de edad, cantar juntas en la iglesia, y luego continuar su vida actuando en circos y en televisión? ¿Cómo pudieron viajar por todo el país con otros conjuntos, y sin embargo estudiar la carrera de enfermería?
Pudieron hacer todo eso conservando un carácter alegre y optimista, porque su madre confió en Dios y puso a las siamesitas en sus manos. La fe en Dios produce fuerzas increíbles donde éstas no existen.
Hay personas que niegan la realidad de un Salvador viviente. Niegan que Dios es amor. Niegan que la fe en Cristo tenga poder. Niegan que Dios puede y quiere intervenir en nuestra vida. Niegan todo lo que es cristiano, espiritual, divino y eterno. Por eso viven en la amargura, la derrota y la miseria. Y por eso mueren sin esperanza, porque nunca quisieron creer en el Dios de la esperanza. Pero vidas como las de Yvonne e Yvette McCarther son un rotundo mentís a todas esas personas que niegan la eficacia del amor de Dios.
Cristo vive, y puede dar perdón, salvación y triunfo sobre todas las contrariedades de la vida. Cuando alguien clama a Cristo en medio de sus frustraciones, Cristo está a su lado, dispuesto a tenderle una mano de salvación. Él desea ser nuestro refugio. Confiemos en Él.

jueves, 5 de mayo de 2011

«ME PREOCUPA EL ESTADO PSICOLÓGICO DE MIS HIJAS»

« Mi esposa [y yo] tenemos tres niñas de catorce, doce y nueve años, las cuales se quejan de que la madre, cuando yo no estoy en casa, las maltrata física y verbalmente. Pero [ellas me piden que] no le diga nada a la mamá porque, cuando yo no esté, ella se encargará de castigarlas....
»No sé qué hacer. He pensado en dejarla a ella sola e irme con mis hijas, pero no sé si es la mejor solución.... Me preocupa el estado psicológico de mis hijas, porque crecerán con ese problema de no querer contarle a nadie lo que pasa cuando yo no estoy en casa.»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimado amigo:
»¡Lo felicitamos por tener una relación tan estrecha con sus hijas! Es formidable que ellas se sientan a gusto contándole a usted sus ideas y sus secretos. Ese tipo de relación con ellas es muy positivo para el bienestar psicológico de ellas.
»En cambio, la relación que usted tiene con su esposa no parece ser muy estrecha. El hecho de que usted haya considerado dejarla indica que ustedes dos tienen otros conflictos en su relación y que su matrimonio no es como ustedes quisieran que fuera.
»Nos es muy difícil aconsejarle en cuanto a su situación específica porque tenemos preguntas que no podemos hacerle. Las dos preguntas más importantes que debe hacerse a sí mismo son si sus tres hijas siempre están de acuerdo con respecto a los pormenores que le cuentan a usted, y si las tres sienten la misma preocupación por la manera en que las trata la madre.... A pesar de que tal vez sus hijas nunca le mentirían a usted, sus percepciones de los hechos pudieran ser muy poco realistas, y sus actitudes pudieran influir en lo que recuerdan de lo sucedido. Si son totalmente consecuentes sus versiones de los hechos, y si las tres parecen estar igual de preocupadas, entonces es importante que usted tome las medidas pertinentes.
»Estas son algunas medidas que puede considerar: Vuelva a casa sorpresivamente a diferentes horas del día. Si eso le es imposible, entonces trate de que un familiar cercano o un amigo vaya a su casa sin previo aviso. Piense en una razón por la que un amigo o familiar diferente se aloje algunos días o algunas semanas en su casa. Cualquier adulto en el que usted confíe puede servir de testigo que corrobore lo que está ocurriendo....
»¿Lo maltrata a usted verbalmente su esposa? ¿A veces pierde ella los estribos? ¿Se porta ella de un modo consecuente con lo que le cuentan sus hijas? De ser así, usted puede hablar con ella acerca de esos problemas sin tener que revelar el secreto de las niñas. Y pueden consultar juntos a un consejero profesional para tratar acerca de los problemas en su matrimonio (comenzando con la mala comunicación y la desconfianza) como también acerca de la preocupación que usted siente por la conducta de ella.
»Pídale a Dios que le dé la sabiduría que necesita para resolver este problema como también los otros problemas de su vida.
»Le deseamos lo mejor,

miércoles, 4 de mayo de 2011

«LA OTRA MUJER»

En una revista del año 2005 apareció la siguiente anécdota del escritor Daniel Nyarirangwe:
«Después de veintiún años de matrimonio, descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor. Hacía poco había comenzado a salir con otra mujer. Eso fue idea de mi esposa.
»—Sé que la amas —me dijo un día tomándome por sorpresa.
»—Pero yo te amo a ti —le respondí.
»—Lo sé. Pero también la amas a ella.
»La otra mujer a quien mi esposa quería que yo visitara era mi madre, que es viuda desde hace diecinueve años. Las exigencias de mi trabajo y mis tres hijos habían contribuido a que sólo la visitara de vez en cuando. Esa noche la llamé para invitarla a cenar e ir al cine.
»—¿Qué te ocurre? ¿Estás bien? —me preguntó.
»Mamá es el tipo de persona que supone que una llamada tarde en la noche o una invitación sorpresiva es [o, son] indicio de malas noticias.
»—Creí que sería agradable pasar algún tiempo contigo —le respondí.
»—Los dos solos...
»Luego de pensarlo por un momento, dijo:
»—Me gustaría muchísimo.
»Ese jueves, después del trabajo, me sentía algo nervioso mientras conducía el auto para recogerla. Cuando llegué a su casa, vi que ella también parecía estar nerviosa. Me esperaba en la puerta con el abrigo puesto. Se había rizado el cabello y llevaba el vestido con el que celebró su último aniversario de bodas. Irradiaba una sonrisa como la de un ángel.
»—Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y eso las impresionó mucho —me dijo mientras subía al auto—. Están locas por enterarse de los pormenores de nuestra velada.
»Fuimos a un restaurante que, aunque no era elegante, sí era muy acogedor. Mi madre se aferró a mi brazo como si fuera la Primera Dama de la nación. Una vez que nos sentamos, tuve que leerle el menú. Ella no podía leer más que letras grandes. Luego de que comenzamos a comer, levanté la vista y vi que mamá me estaba mirando fijamente. Una sonrisa nostálgica se dibujaba en sus labios.
»—Era yo quien tenía que leer el menú cuando eras pequeño —me dijo.
»—Ahora te toca a ti relajarte y permitirme que haga lo mismo —respondí.
»Durante la cena tuvimos una conversación amena, nada extraordinario, sólo poniéndonos al día el uno al otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine. Cuando llegamos de regreso a su casa, ella dijo:
»—Estoy dispuesta a volver a salir contigo, pero sólo si me dejas ser la que invita.
»—¡De acuerdo! —le contesté.
»—¿Cómo estuvo la velada? —me preguntó mi esposa cuando llegué a casa aquella noche.
»—Muy agradable —le respondí—; mucho más de lo que pudiera haberme imaginado.
»Días más tarde mamá murió de un infarto. Fue tan súbita su muerte que no tuve oportunidad de hacer nada para ayudarla.
»Pasado algún tiempo recibí un sobre con una cuenta del restaurante donde había cenado con mi mamá. Tenía además una nota que decía: “Pagué esta cena por adelantado. Estaba casi segura de que no iba a poder acompañarte, pero igual pagué por dos comidas: una para ti y una para tu esposa. Jamás podrás imaginarte lo mucho que aquella noche significó para mí. ¡Te amo!”
»En ese momento comprendí la importancia de decir a tiempo: “Te amo”, y de darles a nuestros seres queridos el tiempo que se merecen. No hay nada en la vida más importante que Dios y nuestra familia.»

martes, 3 de mayo de 2011

VIOLENCIA FAMILIAR

Eran tres niños, hermanitos los tres, de seis, siete y ocho años de edad. Con ojos aterrorizados y temblando de miedo, no podían dejar de mirar. ¿Qué estaban mirando? Veían cómo su padre le daba una paliza brutal a su madre. La escena la describe un diario de América Latina.
El hombre enfurecido, a la vista de sus tres hijitos, golpeaba brutalmente a su esposa. ¿Cuál era la causa? Nadie sabe. Los niños sólo decían: «Papá estaba muy enojado.» Pero una palabra lo describe todo: violencia.
La violencia doméstica, aunque en la vida diaria no es nada nuevo, en las crónicas de los diarios y en los tribunales sí lo es. Es algo que ha recrudecido en las últimas décadas. Y esta crónica nos obliga a tocar dos puntos: la violencia entre padres, y su efecto en los hijos.
Algunos dicen que la violencia familiar la incita la familia misma, pero eso es ver el asunto de una manera superficial. La violencia nace en el corazón. Está adentro de uno como lo estaba en el corazón de Caín, y sólo necesita una muy pequeña provocación para estallar.
Decimos que es culpa de la mujer, o de los hijos, o del jefe o de otro, pero no lo es. Procede del corazón herido y confundido que vierte su frustración sobre los que están más cerca. Cuando el tronco está malo, todo el árbol lo está. Cuando el corazón vive en amargura, la persona en la que late reacciona con violencia.
¿Y qué de los hijos? No hay nada en todo el mundo que frustre y confunda y atemorice más al niño que ver a sus padres peleándose, especialmente cuando son encuentros violentos. Y si la criatura tiene dos, tres o cuatro años de edad, esos disgustos tienen efectos desastrosos que afectan toda su vida. Un sociólogo investigador dijo: «Cuanto más violenta es la pareja, de las que hemos entrevistado, más violentos son los hijos.» Por cierto, la violencia en los padres viene de la violencia en los progenitores de ellos.
¡Cuánto necesitamos paz y tranquilidad en nuestro corazón! ¡Cuánto necesitamos al Príncipe de paz! Y ese Príncipe de paz existe. Es Jesucristo, el Hijo de Dios. Él dijo: «La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden» (Juan 14:27).
Entreguémosle nuestro corazón a Cristo. Si el enojo ha sido nuestra debilidad, hagamos una sincera declaración de humilde arrepentimiento. Cristo conoce nuestra intención y Él quiere ayudarnos. Permitámosle entrar en nuestro corazón. Él nos renovará en lo más profundo de nuestro ser.