martes, 15 de noviembre de 2011

«CRIMINAL NATO, PRODUCTO DEL ALCOHOL»

(Día Mundial contra el Abuso del Alcohol)
«Nos lanzamos a la calle, a la caza de personas que algo pueden contarnos; personajes que con su charla amena nos ayudan a la elaboración del programa La calle donde tú vives....
»Tenemos a varias personas en la “lista”.... Allí está con el número uno el nombre de un conocido periodista, escritor y cronista: Efraín de los Ríos.
»Verificamos la dirección: Colonia Centroamérica, Zona 7, Guatemala....
»Entramos frente a quien escribió la obra que lo inmortalizará: Ombres contra hombres; y otras más.... La entrevista... principia de la siguiente manera...:
»—Inicialmente, don Efraín, quisiera que... nos hiciera una semblanza del tristemente célebre criminal guatemalteco Roberto Isaac, conocido como “Tata dios”.
»—Muchas gracias, joven amigo.... Tuve la oportunidad de tratar a “Tata dios” por espacio de seis años con veintidós días, tiempo que permanecí prisionero en los callejones de la Penitenciaría Central.
»”Roberto Isaac era un hombre alto de casi dos metros, blanco, de mediana ilustración, franco, interesado y un artista para trabajar el hueso y el cacho.... ‘Tata dios’ es el ejemplo más claro de la criminalidad producida por el alcoholismo. Una vez yo, aburrido del callejón de los políticos, me fui a platicar con él en el lugar donde tenía su mesa de trabajo y lo encontré risa y risa. ‘¿Por qué se ríe, don Beto?’, le pregunté; y él me contestó: ‘Callate, vos; le estaba contando a los muchachos que cuando yo salga de aquí ya no voy a chupar porque eso es malo, ¿verdad, vos?’ Y se rió burlonamente. ‘¿Y por qué, don Beto?’, le pregunté. ‘Fijate, vos —me dijo—. Me tomo el primer trago muy contento; me tomo el segundo mejor; pero al tercero empiezo a calentarme, y al cuarto luego me entran ganas de meterle el cuchillo a un cristiano. ¿Verdad que no está bueno eso, vos?’
»”... ‘Tata dios’..., criminal nato, producto del alcohol, era verdugo; era él llamado a azotar a los presos y torturarlos. Una vez había vapuleado a un pobre preso, y al otro día [pasa] por la bartolina donde el otro infeliz [está] tomando el sol, y tiene el cinismo de decirle —eso lo presencié yo—: ‘Ydiay, vos, ¿qué te pasó? Ahi te dejo unos tus cigarros.’
»”Una frescura, un sadismo desconcertante y frío.1
Tiene toda la razón el periodista Efraín de los Ríos en esta entrevista que le concedió a su joven colega guatemalteco Héctor Gaitán, publicada en la versión impresa de La calle donde tú vives, Tomo 2: Los efectos del alcohol son graves y pueden llegar a ser criminales, tal como don Efraín lo atestiguó en el caso de Roberto Isaac. Es que en aquel criminal apodado «Tata dios» se cumple el siguiente «dicho de los sabios» publicado en el libro de los Proverbios, uno de treinta dichos inspirados por el verdadero «Tata Dios», que creó el cuerpo humano:
¿De quién son los lamentos? ¿De quién los pesares?
¿De quién son los pleitos? ¿De quién las quejas?
¿De quién son las heridas gratuitas?
¿De quién los ojos morados?
¡Del que no suelta la botella de vino
ni deja de probar licores!
No te fijes en lo rojo que es el vino,
ni en cómo brilla en la copa,
ni en la suavidad con que se desliza;
porque acaba mordiendo como serpiente
y envenenando como víbora.2


1Héctor Gaitán Alfaro, La calle donde tú vives, Tomo 2, 2a. ed. (Ciudad de Guatemala: Litografías Modernas, 1989), pp. 33-35.
2Pr 23:29-32

lunes, 14 de noviembre de 2011

«NO ME VALORA LO SUFICIENTE PARA... CASARSE CONMIGO»

«Hace casi dos años comencé a tener relaciones sexuales con mi novio. Actualmente estoy embarazada, y aunque antes de estarlo él habló con mi mamá con respecto a casarnos, ahora pone cualquier excusa para evitarlo....
»Me siento muy mal. Quisiera dejarlo, pero lo amo y siento que él [me ama] a mí [también] a pesar de su actitud. Pero mi dignidad se siente burlada. Siento que no me valora lo suficiente para afirmarse y casarse conmigo. Yo no le toco el tema, para evitar discusiones. ¿Qué debo hacer?»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimada amiga:
»Su corazón le dice una cosa, y su cerebro, otra completamente diferente. ¿En cuál de los dos debe confiar? Esta es la pregunta que confunde a muchos, a tal grado que a la postre toman la decisión indebida. Luego nos escriben pidiéndonos un consejo acerca de cómo escapar de la situación imposible en que se han metido....
»Su novio le dijo a usted que la quería, y hasta consideró el matrimonio, pero ahora ha cambiado de parecer. ¡Huya de él como si fuera una plaga! Casarse con él a estas alturas, o quedarse con él sin casarse, es lo peor que usted pudiera hacer. Resultaría en un futuro en que él la dejara a usted en casa cuidando a una pequeña criatura mientras él sale con sus amigos. Posteriormente él pudiera hasta mantener una relación con otra mujer con la que tuviera otros hijos, y entonces usted se encontraría en una situación realmente difícil....
»El primer paso que debe dar es, de por sí, bastante difícil: separarse definitivamente de su novio. Pero el siguiente paso es aún más difícil. ¿Está usted preparada para cuidar sola a su bebé? ¿Tiene un empleo que le producirá lo suficiente para el sustento de los dos? ¿Tiene a alguien a quien podrá confiarle el cuidado de su bebé? Si la respuesta a estas preguntas es negativa, entonces le recomendamos que tome la opción más amorosa que tiene una madre en sus circunstancias, la de permitir que alguna pareja adopte a su bebé. Hay miles de matrimonios sin hijos que le ruegan a Dios todos los días que les conceda un hijo. Alguno de ellos puede darle a su bebé todo lo que usted probablemente no pueda darle, ante todo, una mamá y un papá que se quieren mutuamente y que anhelan tener un hijo.
»La Biblia enseña que no debemos tener relaciones sexuales antes de casarnos con la persona que es el objeto de nuestro amor. No se trata de que Dios sea un aguafiestas extraterrestre. Al contrario, Él estableció esa regla para salvar a mujeres como usted y a bebés como el suyo de un sombrío futuro sin esposo o padre que forme parte de su vida. Cualesquiera que sean las otras decisiones que usted tome, prométase a sí misma que jamás volverá a tener relaciones sexuales con un hombre que no sea su esposo amado. Con sólo cumplir esa promesa se evitará indecible amargura en el futuro.
»Le deseamos lo mejor,

martes, 8 de noviembre de 2011

«NADA PODÍAN CONTRA EL AMOR DE AQUELLA PRIMA»

«Cuando tenía unos seis años, una prima casadera andaba en amores con su pretendiente. Buena parte de la familia no lo quería:
»—Yo no sé qué le habrá visto esta a semejante vago. ¡Feyo, bolo y acabado! ¡Bonita vida la que le va a dar!
»Pero ella no se amilanaba. Descendiente de una colección de abuelas, madres y tías, matronas acostumbradas a hacer lo que su real gana les pidiera, había decidido noviar con el rechazado, a pesar de los torrentes de amenazas y críticas que se le desplomaran.
»Si había una fiesta, la prima se las arreglaba para que unas compañeras del colegio la fueran a buscar a la casa y, ante el compromiso del tumulto, nadie pudiera objetar la salida. Si había [alguna función], la prima ofrecía cooperación para que los organizadores le encomendaran las actividades más variadas. Si había algún velorio, la prima se ofrecía como primera rezadora o cantadora, y nadie era capaz de objetar el piadoso oficio....
»En fin, si había lo que hubiese, la prima siempre encontraba ocasión para enrolarse en el asunto y, entre vueltas y revueltas, verse y darse sus roces con el galán.
»La madre ardía en vituperios y admoniciones, porque siempre había algún lenguaraz que corría a la casa con detalles espeluznantes:
»—Allá iba ese hombre con la muchacha. A saber con qué intenciones anda....
»—¡Allá está su muchachita, señora. Después no diga que no le vine a avisar....
»—¡El problema es de ella, no de ustedes! [—explotaba calentada la señora—]. ¡Metidos! ¡En todo están, menos en misa!
»Entonces, si mi abuela estaba presente, terciaba conciliadora:
»—Mejor dale permiso a ese hombre de que llegue a la casa....
»—¡Antes, muerta! ¡¡Para que ese... entre en mi casa, tiene que volver el diluvio universal!!
»—Entonces, atenete a las consecuencias....
»... Pero todas las argucias y cercos de la madre nada podían contra el amor de aquella prima por su escuálido caballero, por quien habría sido capaz de lanzarse sobre cercos y tejados.... Por nada de este mundo hubiera estado dispuesta a dejar de quererlo....
»Campante y rasante, a la prima no la detenía nadie.»1
En cierto sentido, la conducta de esa prima del escritor salvadoreño Francisco Andrés Escobar que él describe en su obra titulada El país de donde vengo se parece a la de quien acaba de enamorarse de Cristo. Para tal persona, no hay ocasión ni momento alguno en que deje de pensar en Cristo o de querer estar con Él. Pero gracias a Dios, a diferencia de la madre de la prima del autor, Él desea, como Padre celestial, que pasemos todo el tiempo necesario para llegar a conocer mejor a su Hijo Jesucristo.
Más vale, entonces, que aprovechemos toda oportunidad que tengamos para pasar tiempo con Cristo y llegar a conocerlo y saber lo mucho que nos ama. Pues de hacerlo así, comprenderemos que Él nos amó primero para que le correspondamos ese amor, y que espera que nos esforcemos por mantener encendida la llama del primer amor, de modo que no tenga por qué reprocharnos el haberlo perdido.2


1Francisco Andrés Escobar, El país de donde vengo (San Salvador: UCA Editores, 2006), pp. 249-50.
21Jn 4:16,19; Ap 2:4

«ME ENAMORÉ Y... TIRÉ TODO LO QUE... HABÍA CONSTRUIDO»

«Yo era un hombre completo, es decir, con sueños e ilusiones para complementarlos con una familia maravillosa: una esposa fiel, abnegada y solidaria, y dos hijos que desde que nacieron llenaron mi vida. Sin embargo, conocí a una mujer de la cual me enamoré, y en poco tiempo me ilusioné, tiré todo lo que con mucho esfuerzo había construido en el pasado y decidí vivir con esta segunda mujer....
»Hoy me encuentro solo con mis hijos, pues ella nos abandonó, sin mayores explicaciones. La madre biológica de mis hijos se encuentra [fuera de mi país], y no me queda más que enfrentar una realidad muy dura....»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimado amigo:
»Nos entristece que usted y sus hijos estén experimentando estas dificultades. Usted tomó una decisión equivocada, y ahora no sólo usted sino también sus hijos tienen que afrontar las consecuencias. Pero usted no es el único que ha tomado una mala decisión que ha trastornado su vida. Todos hemos errado en algunas decisiones que nos han llevado a quebrantar la ley de Dios. Dios nos perdonará si le pedimos que lo haga, pero aun así tendremos que afrontar las consecuencias al levantarnos cada mañana. Dios nos absuelve de todo nuestro pecado, pero no nos libra de las consecuencias.
»... Un alto porcentaje de los padres y de las madres de este mundo son solteros, y en la mayoría de los casos no se debe a que hayan escogido vivir sin un cónyuge.... Pero el disfrute de la vida en compañía de sus hijos, contribuyendo a orientar su porvenir y proveyéndoles un hogar estable y tranquilo, les da a estos padres y a estas madres un motivo por el cual vale la pena seguir luchando día tras día, aun cuando las pruebas parezcan abrumadoras.
»Recuerde que sus hijos no hicieron nada para merecer esto. Ellos fueron víctimas del error suyo. Usted nunca podrá compensarlos por el daño que han sufrido, pero sí puede fijarse como meta darles el amor y la estabilidad que tanto necesitan. Si usted se concentrara todos los días en su propia tristeza y soledad, con eso nada más agravaría el dolor que ellos ya han experimentado. Sus hijos necesitan a un padre que se proponga ante todo proporcionarles un hogar con un ambiente feliz y saludable.
»El apóstol Pablo le ofrece el siguiente consejo: “Padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor.”1 ¿Cómo puede usted hacer esto? Ante todo, pídale perdón a Dios. Luego reconozca ante sus hijos que usted ha pecado contra Dios y contra ellos. Dígales que está muy arrepentido de ese pecado y que le ha pedido a Dios que lo perdone. Y por último, pídales a ellos que lo perdonen por el sufrimiento que usted les ha causado. Haga de este el punto de partida para aprender usted mismo, y luego para enseñarles a sus hijos, lo acertado que es obedecer la ley de Dios.
»Le deseamos un hogar feliz,
1Ef 6:4

DORMIDO EN LA TORRE DE CONTROL

Uno tras otro, los grandes aviones fueron aterrizando en el aeropuerto. Hacía buen tiempo, y las señales de radio y las luces de aterrizaje funcionaban como debían. Las instrucciones emitidas desde la torre de control del aeropuerto de Ankara, Turquía, eran claras. Fue así como aterrizaron dieciséis aviones esa noche entre las 0 horas y las 6 de la mañana.
Sin embargo, el controlador aéreo Guclu Cevik, que sufría de narcolepsia, había estado dormido la mayor parte del tiempo. Semidormido, había dado, mecánicamente, las instrucciones. Por suerte y de milagro, no ocurrió ningún accidente.
Es terrible cuando, por obligación del cargo o del oficio, el que tiene que estar bien despierto y alerta se duerme en su trabajo.
¿Qué le puede pasar a un autobús repleto de pasajeros, que anda por un camino montañoso, si el chofer se duerme? ¿Qué le puede pasar a un barco ballenero que se arriesga en un mar turbulento, plagado de témpanos de hielo, si el timonel se duerme?
Los centinelas que vigilan el cuartel no deben dormirse. Los agentes de policía que cuidan el vecindario no deben dormirse. Las enfermeras que, en la unidad de cuidados intensivos, controlan los aparatos que regulan los signos vitales no deben dormirse.
Por lo mismo, un padre que tiene hijos pequeños y adolescentes tampoco debe dormirse. Los traficantes de drogas saben cómo iniciar a un joven en la nefanda adicción de marihuana y cocaína. Los programas de televisión saben cómo incitar al incauto en la pornografía y el crimen. Detrás de cada amigo ocasional puede esconderse un secuestrador de mentes, de corazones y de vidas.
Descuidarse en la educación moral, especialmente de los hijos pequeños, es dormirse cuando más necesitan ellos un padre alerta. Permitir que los hijos se críen por su cuenta, sin dirección, sin escuela, sin iglesia y sin Dios, es entregarlos en manos de ladrones del alma, que listos están para chuparse la última gota de sangre moral y espiritual.
Si los que somos padres o madres queremos hijos inteligentes, sanos, limpios y con valores morales, debemos vigilar con celo constante sus actividades. Por todos lados hay peligrosas tentaciones que llaman a los jóvenes con una atracción casi irresistible, y únicamente con un fuerte respaldo hogareño podrán ellos vencer esas tentaciones.
Quien nos ayudará a velar por nuestros hijos es Jesucristo, el Señor viviente. Invitémoslo a vivir en nuestro corazón, de modo que forme parte de nuestra vida y de nuestro hogar.

«MI MAMÁ... NO QUIERE [A] MI BEBÉ»

«Tengo seis meses de embarazo, y mi esposo y yo vivimos con mi mamá en la casa que yo construí para ella.... Tenemos muchos problemas, ya que ella [se] pasa [el tiempo] dándonos órdenes y recordándonos día a día que la casa es de ella y que las cosas deben hacerse a su manera. Me dice que no quiere tener nada que ver con mi bebé cuando nazca, y eso me duele demasiado.
»Estamos pensando en mudarnos a otro lugar para que esto no afecte más mi embarazo. Pero yo soy su único sostén, ya que mis hermanos tienen su propia vida y no ven por ella. ¿Qué debemos hacer por el bien de ella y el de mi bebé, ya que estoy muy afectada y lloro mucho?»
Este es el consejo que le dimos:
«Estimada amiga:»¡Felicitaciones! ¡Muy pronto va a ser mamá!...
»¡Qué bien que haya provisto un hogar en el que pudiera vivir su mamá! Usted de veras la ha honrado al cuidarla durante los últimos años. Ha obedecido el quinto mandamiento al sostenerla económicamente y al velar por su bienestar.
»Sin embargo, usted ahora es una mujer casada y hay un hijo al que debe cuidar y proteger. Ya es hora de que usted y su esposo preparen un hogar en el que haya paz y amorosa aceptación para su hijo. No hay duda de que su mamá le ha dado a entender que el hogar de ella no es el sitio donde deban vivir ustedes.
»Usted dice que sus hermanos “tienen su propia vida” y por lo tanto “no ven por ella”. ¿Acaso no debe usted también “tener su propia vida”? Convoque a sus hermanos a una reunión familiar e infórmeles que usted se está mudando.... Dígales que usted seguirá poniendo su parte, pero que no seguirá siendo la única persona responsable de ella.
»Un día Jesucristo estaba caminando junto al mar de Galilea, y vio a Jacobo y a Juan remendando las redes en su barca junto con su padre.1 La pesca era el negocio de la familia, y se esperaba que Jacobo y Juan ayudaran a sostener a su padre, Zebedeo, y que siguieran en su oficio. De modo que, cuando Jesús llamó a Jacobo y a Juan y los invitó a que se hicieran discípulos suyos, sin duda fue muy difícil para Zebedeo comprender eso, y tal vez sintiera que sus hijos lo estaban abandonando.
»¿Actuó Jesús de un modo insensible a la situación en que se encontraba Zebedeo? ¿Acaso estaba Jesús haciendo que Jacobo y Juan deshonraran a su padre? ¡De ninguna manera! Jesús enseñó mediante este ejemplo que el honrar a los padres no quiere decir que uno tenga que descuidar sus propias responsabilidades con el fin de cuidarlos a ellos. Dios el Padre tenía el plan de que Jacobo y Juan desempeñaran un papel importante en el ministerio de su Hijo Jesucristo, y Jesús sabía que el Padre celestial cuidaría al padre de ellos.
»... Dios espera que usted tome las decisiones acertadas a favor del hijo que va a nacer. Esperamos que tenga el tiempo necesario para establecer su propio hogar con su esposo antes de la llegada del pequeño.
»Le deseamos lo mejor,
1Mr 1:19-20

miércoles, 2 de noviembre de 2011

«NO DEBO DESOBEDECER A MI MAESTRA : UN FINAL TRAGICO»

Con mala ortografía y torpe letra el chico comenzó a escribir. Evidentemente el muchacho era rebelde e indisciplinado. Como castigo, la maestra le había asignado una tarea especial. Debía escribir, 300 veces, la frase: «No debo desobedecer a mi maestra.»
Se trataba de Jorge Licea, de origen mexicano. Estaba asistiendo a una escuela pública en la ciudad de Los Ángeles, California. Jorge escribió, y escribió, hasta el fin de la clase. Al día siguiente Jorge llegó temprano a la escuela, pero no se juntó con sus amigos. Estaba como confundido y melancólico.
Quieto y sombrío, se detuvo en la puerta de su aula y comenzó a llorar. Luego, ante el espanto de sus compañeros, sacó de su bolsillo un revólver, se lo puso a la sien y apretó el gatillo. Jorge Licea tenía diez años de edad.
Este caso conmovió a la gran ciudad. Terminada la investigación, se halló que la causa de la tragedia no era la tarea que la maestra le había dado. El castigo sólo hizo estallar una causa que era mucho más profunda que una simple tarea.
La causa, que procedía de la vida del muchacho, tenía que ver con su hogar. Allí estaba evidenciada la fórmula de siempre: pobreza, violencia, drogas, alcohol y maltrato. El niño vivía en un infierno. Con apenas diez años de edad, ya había aguantado todo lo que un ser humano es capaz de aguantar. Y como no vio salida alguna, optó por quitarse la vida.
Así es la vida de muchos niños y niñas en este mundo perdido y desviado en que vivimos. Quizá usted, mi querido joven, se encuentra en una situación parecida. Quizá la vida suya también sea un infierno. ¿Será eso todo lo que este mundo ofrece? La respuesta, positiva y categórica, es: «¡No!»
En cierta ocasión Jesucristo dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos» (Lucas 18:16). Cristo, el autor de la vida, tiene una compasión muy especial por todos los que sufren injustamente.
Permítanme una palabra a ustedes, padres. ¿Será el ambiente de su hogar uno que podría dar lugar a la confusión y al deterioro moral de sus hijos? Su hogar es el único albergue que ellos tienen, y la vida presente y futura de ellos será una copia exacta de lo que es el hogar suyo.
Invitemos a Cristo, queridos padres, a ser el Señor de nuestro hogar. Cuando él reina en el hogar, hay serenidad y madurez y juicio y paz. Sólo Cristo produce cordura y armonía. Él quiere salvar nuestro hogar. Permitámosle entrar.