jueves, 21 de julio de 2011

«NOS HEMOS CASADO... PERO... MI FAMILIA NO LO SABE»

«Tengo veintiocho años de edad. Me enamoré de una mujer soltera... de cuarenta y siete años de edad. Nuestra relación ha sido muy firme. Hemos estado muy felices [y] nos hemos casado... Pero tengo un problema: Mi familia no lo sabe... porque pienso que sería tropiezo para nuestra relación.

»Cada vez que hablo con mi familia, les miento y les digo que estoy solo. Pero mi conciencia no está tranquila.… ¿Qué hago?»

Este es el consejo que le dimos:

«Estimado amigo:

»¡Lo felicitamos por su feliz matrimonio! Ojalá que más personas de nuestra audiencia tuvieran matrimonios felices.

»Usted piensa que, si su familia se enterara, sería perjudicial para la relación que tienen. Al parecer, cree que miembros de su familia harían o dirían cosas que pudieran interponerse entre los dos. Como no nos dio más información al respecto, es evidente que usted piensa que su familia no aprobará la diferencia de edades entre usted y su esposa, y que en realidad tratarán de lograr que se separen. Tal vez tenga miedo de que lastimen a su esposa emocionalmente y de que ella lo culpe a usted por lo que digan ellos, o de que ella espere que usted esté de parte suya en contra de ellos, y usted no está seguro si tiene la fuerza de voluntad para hacerlo. Quizá sus padres aún lo traten a usted como un niño, a pesar de que ya tiene veintiocho años y vive a cierta distancia de donde viven ellos.

»Cualquiera que sea la verdad acerca de la relación complicada que usted tiene con sus padres, eso no tiene tanta importancia como el reconocer que el mentir no sólo hará que le remuerda la conciencia, sino que también empeorará lo que sienten de parte y parte el día en que sus padres al fin se enteren de que está casado. Es probable que se sientan mucho más decepcionados por sus mentiras y su vida secreta que por la edad de su esposa. Cada día que usted siga mintiéndoles sólo contribuirá a empeorar la situación.

»Tanto Jesucristo como el apóstol Pablo citaron el pasaje del libro de Génesis que dice que, cuando un hombre se casa, ha de dejar a su padre y a su madre y de unirse a su esposa.1 En este caso, el dejarlos indica no sólo distancia física sino también distanciamiento emocional. El momento en que un hombre toma a su esposa como tal, su mayor lealtad (que pudo haber antes reservado para sus padres) se la debe ahora a su esposa. Sigue amando a sus padres y los honra, pero para que tenga un matrimonio feliz, su esposa siempre tiene que ocupar el primer lugar. Cuando un hombre permite que su familia se interponga entre él y su esposa, desintegra la unidad matrimonial que Dios dispuso que experimentaran como pareja. El vínculo afectivo entre los dos se debilita, y casi siempre resultan otros problemas. Ya es hora de que usted muestre madurez emocional y acepte la responsabilidad de su propia vida, aunque sus padres no estén de acuerdo....

»Le deseamos lo mejor,


1 Gn 2:24; Mt 19:5; Mr 10:7; Ef 5:31

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