lunes, 23 de noviembre de 2009

Introducción

Más que nunca, la Iglesia debe preocuparse por el estado del hogar. Cada año millones de parejas prometen amarse, en las buenas o en las malas. Pero sólo en los EE.UU. la mitad de tales matrimonios terminarán en el divorcio. Al creyente le gustarla creer que esa mitad que termina en divorcio es representante de las parejas que no asisten a ninguna iglesia, y creer que la otra mitad que triunfa sobre ese desastre y ataque satánico son cristianos. Pero lamentablemente no es así. Hay discordia en los hogares cristianos, discordia que muy a menudo termina en el divorcio. En las palabras del apóstol Santiago: "No debe ser así." El hogar cristiano debe ser un ejemplo al mundo de cómo el amor de Cristo puede desarrollarse en nuestra vida.

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